WESTERN / INCIDENTE EN EL OX-BOW / WALTER VAN TILBURG CLARK - (Palmeras Salvajes – Buenos Aires)

En el mar de novedades literarias donde predominan los linajes de mujeres con historias largamente silenciadas y personajes perdidos en los meandros de su propia mente, una editorial independiente argentina, Palmeras Salvajes, decidida a publicar buenas traducciones de literatura norteamericana poco conocida en nuestro país sorprende con un western. Nada más a contrapelo de la tendencia actual que un género popular y masivo que reinó en el cine y la TV hasta bien entrada la década del 70 y que hizo del culto a la virilidad su razón de ser, donde las mujeres, indiferenciadas, masculinizadas o escandalosamente atractivas, son el otro absoluto.

Un género que con los años se volvió de culto y que fue revisitado por grandes directores como Kurosawa (qué otra cosa son las películas de samurais), que pone en escena una narrativa de los límites, tanto geográficos como morales de la que esta novela publicada en 1940 y protagonizada en el cine por Henry Fonda y Anthony Quinn es un perfecto exponente.

Y el “incidente” del que habla el título le hace honor a sus principios constructivos en los que, como en los mejores relatos de Borges, se juega el destino de un hombre. Porque en el western no hace falta más que un probable incidente para que se eche a andar, literalmente, el relato, en el que una partida de hombres armados y furiosos sale en busca de unos ladrones de ganado.

Claro antecedente de la road movie norteamericana, será el camino el gran co-protagonista de la historia. Y la naturaleza, mucho más que un decorado, forjará el carácter de los vaqueros, cuando una tormenta de nieve borre la visión del camino a través de la montaña y sea el oído el sentido que se haga cargo, magistralmente, de la descripción.

Una literatura de pura acción sostenida en interminables soliloquios y debates filosóficos y morales propios de una sociedad de posguerra (en este caso, la Guerra de Secesión), “sin lugar para los débiles”, donde la justicia por mano propia, un orador mesiánico o el miedo frente al grupo de pares se imponía a unas proto-instituciones que no parecen haber ganado la partida cuando se trata de la propiedad privada amenazada. Donde héroes y villanos ocupan lugares intercambiables, tanto como las ideas de civilización y barbarie.

“Cuando un hombre acepta desenfundar un arma… no puede echarse atrás sin una buena excusa” afirma el narrador de esta verdadera novedad editorial, literatura de la pura experiencia como conjuro contra el poder de la razón libresca.

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